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julio 18 de 2018
NOTICIAS

El teatro puede matar a un alcalde

"Una historia que narra la figura de antihéroe del alcalde acolitado por la fuerza publica"
Por: Ángel Roys Mejía @Riohachaposible - 2018 / 04 / 16

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la posición de www.guajirapress.com

¡Kettasü joolu! ¡Basta ya!

Luis Alfredo Socarras

En 50 minutos de derroche de talento y fuerza actoral, La Corporación cultural Jayeechi adapta la obra del noruego Henrik Ibsen Un enemigo del pueblo y construye una sensible denuncia sobre el sistemático complot de poderes que han sumido al pueblo wayuu de La Guajira en el hambre, el desarraigo, la vulneración de sus tradiciones y costumbres y todo tipo de amenazas que atentan contra su permanencia.

Nauunu, los enemigos de la nación wayuu es un montaje realizado gracias a la beca internacional en creación teatral otorgada por el gobierno noruego a colectivos artísticos de todo el mundo que honren la memoria del escritor y dramaturgo de ese país considerado como uno de los renovadores del teatro universal y promotor de ideas transgresoras y revolucionarias como la apuesta de feminismo implícita en Casa de Muñecas, su obra más difundida. El proyecto fue seleccionado entre 88 grupos del mundo  junto con 4 agrupaciones de Brasil, India, Grecia y Suecia.

Un enemigo del pueblo de Ibsen gira en torno a la lucha del individuo contra la sociedad corrompida. Es una defensa de la libertad de expresión y la honestidad frente a los intereses económicos. Escrita a finales del siglo XIX, tema que cobra total actualidad en el contexto del país y especialmente en la crisis por la que atraviesa La Guajira.

Jayeechi logra mostrar en escena la distorsionada mediación de los credos religiosos, el juego perverso con los recursos de la alimentación de los niños, la manipulación a medios de información para que no trascienda la corrupción, la compra de líderes y su prostitución con el poder, el uso de la fuerza pública en favor de los degradados intereses de los gobiernos, la lucha de las comunidades por el agua y el impacto desencadenante en la crisis humanitaria de La Guajira. Narrado en el lenguaje de los símbolos, preservando la voz de los wayuu con alocuciones dramáticas en su propia lengua y con un equipo actoral plural con representantes de teatro de todo el territorio guajiro.

Es así como las agrupaciones que lideran procesos culturales y de teatro con mayor trayectoria en La Guajira: Ojo Blindao y Yunque Teatro de Maicao, Kai-Kashi de Fonseca y Waimpirai de Barrancas, aportan  a través de la Creación Colectiva a los resultados de esta puesta en escena, que se estrenará a finales de abril del presente año.

La figura de antihéroe del alcalde acolitado por la fuerza publica, concentrador del dominio general que encuentra su justa némesis a manos de su mano derecha, el capitán del ejército, quien termina asesinándolo para desproveerlo del botín de coimas sustraído de la contratación estatal. En este desenlace de tragedia imprevista del poder, logra el teatro matar al alcalde y con ello enviar un mensaje directo al espectador, que termina festejando la muerte como triunfo de la justicia terrenal, a pesar de persistir el miedo y la desoladora herencia del poder desde los tiempos de la conquista.

No en vano Horacio afirmaba en su tiempo que el teatro debe ser un espejo de la vida humana y he aquí la pertinencia del discurso artístico de la obra, que refleja un mensaje reivindicador del pensamiento libre y del poder semiótico del arte para contar verdades y sacudir la conciencia.

Enrique Berveo, su director cumple casi tres décadas en La Guajira y es justo reconocer en el, al impulsor del teatro contemporáneo en estas tierras, que subsidiariamente ha tenido apoyo de la institucionalidad cultural, pero gracias a su visión y tesón para trascender al contexto nacional e internacional a través de los estímulos del Ministerio de Cultura y los premios internacionales, constituyen el mayor legado para empresa cultural alguna, marchando sobre las ruedas de carreta del arte en La Guajira.

En una danza circular y ataviadas de mantas negras portando en sus manos ataúdes diminutos vestidos de blanco satinado, finalizan su marcha como cortejo el elenco encabezado por mujeres wayuu de luto seguidos por los enemigos: el poder, la fuerza publica, la prensa, los lideres vendidos, sin pena y sin gloria. Las cruces que desfilan al comienzo mostrando la injerencia de la religión en el juego de poder, dejan caer el telón enterrando en el suelo la protesta, con el sacrificio de las voces de resistencia. Rompe entonces el golpe de kasha, el tambor wayuu, el silencio y  la ovación de un auditorio expectante, sensible; aterriza en el cuadro real de sus propios acontecimientos.

¡Viva el teatro, muera el alcalde!

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